Suerte.

Quizás sea la falta de costumbre,

quizás,

sea por la costumbre de que siempre falte algo,

quizás sea porque esa musa,

a la que ellos llaman suerte,

jamás acudió a nuestra llamada,

quizás sea porque el miedo nos hizo desconfiar,

nos hizo creer,

que mañana,

lo mismo no volvía a amanecer,

por eso,

quizás cuando la falta de costumbre,

nos hizo acostumbrarnos a la falta de esta,

cuando tomábamos por costumbre,

acostumbrarnos a que nada faltara,

cuando por fin,

pudimos ver aunque fuera,

un mínimo atisbo de su silueta,

quizás pudimos pensar,

que habíamos tenido suerte,

esa esquiva utopía que veíamos lejana,

pero que al vernos aparecer,

comenzaba a brillar,

como un amanecer a través de una ventana,

quizás pudimos pensar que era la nuestra,

que sin suerte,

decían que no llegaríamos a ningún sitio,

y al parecer encontrarla,

era precisamente donde queríamos llegar,

que tuvimos suerte de tener mala suerte,

porque tu y yo pequeña,

estábamos hechos para chocar,

que era algo,

a lo que jamás nos podríamos acostumbrar,

que al mirarte y al mirarme,

siempre,

y te digo siempre,

nos fuéramos a encontrar,

te digo suerte,

de esa que es uno entre un millar,

que no se halla entre millones,

ni en un trébol al que cuatro hojas contar,

que es tu suerte y la mía,

mala o buena ya se sabrá,

pero que es mi suerte y la mía,

que nuestros labios,

por suerte de nuevo,

puedan volverse a encontrar.

 

trebol

 

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Dispara.

Una última bala en la recámara,

apunta,

dispara,

¿unas últimas palabras?

tan solo un deseo,

que sean tus ojos,

lo último que vea en este mundo,

hazlo ya,

dispara y no falles,

prescinde de ese último segundo de pausa,

hazlo mirándome a los ojos,

apunta ahí,

a ese mismo lugar,

donde tu misma te ves,

bórranos de un balazo,

no lo alargues,

que sea en un único plazo,

graba a fuego un adiós,

a tinta escríbelo en la bala,

vamos,

aquí estoy,

¿por qué tiemblas?

¿Por qué tu mirada me evita?

Es lo que querías,

¿no te acuerdas?

Bórrame,

haz que desaparezca,

vive sin miedo,

sin miedo a que al doblar una esquina,

tú mirada se encuentre con la mía,

y se sienta vulnerable,

da el paso y respira tranquila,

sabiendo que nadie,

te alterará el pulso sin tu saber porqué,

sin poder controlarlo,

elimina de una vez,

la única posibilidad que existe,

de volver a sentirte humana,

cierra con llave la puerta,

de ese muro,

que tapia tú mirada,

enciérrate dentro,

y no salgas.

Y ahora,

carga esa bala en tu aliento,

toma aire,

mírame a los ojos,

y dime que me quede,

o déjame marchar.

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Si la encuentras.

Si rememorarlo es arrancarte la piel a pedazos,

y por más que trates de olvidarlo,

lo recuerdas como si hubiese sido ayer,

si recuerdas su sonrisa trazo a trazo,

y se te oprime el pecho con la fuerza de uno de sus abrazos,

si te duele ser y no seguir siendo,

porque a tu máquina de escribir ahora,

le falta su más importante pedazo,

el de las letras porque sí,

los poemas de invierno,

y las canciones de verano,

si te falta cuando todo te sobra,

y cuando todo te falta,

es lo único por lo que imploras,

si la ves pasar,

y tu cabeza y tus pies reanudan su pelea,

entre echar a andar,

o tomar su mano y huir a donde nadie os vea,

si su presencia te hace temblar,

si es música para tus ojos,

y arte para tus oídos,

si es única en lo común,

e insólitamente extraordinaria,

si crees que por una vez la suerte la has tenido tú,

y desde que la miraste a los ojos crees en la magia,

si la encontraste sin buscarla,

y ahora en letras la buscas,

si te perdiste al encontrarla,

y encontraste a quien no querrías perder,

si para ti es un motivo,

por el cual merece la pena enloquecer,

te hace perder el miedo a la locura,

y en este mundo enfermo,

sus ojos, para ti son cura,

bendito si la encontraste,

agraciado, si en tus ojos te bañaste,

si en el hueco de su cuello encontraste cobijo,

dichoso,

si en sus labios siendo pobre,

te sentiste el hombre más rico,

bendito si la encontraste,

si la encontrarás,

y si lo haces,

haz todo lo posible,

y no la dejes escapar jamás.

descarga

 

 

Diablo.

Acepto, ¿dónde he de firmar?

Diablo,

estampa aquí tu firma,

sellemos el pacto,

y si con sangre lo hemos de sellar,

ábreme en canal y así, a la vez,

entenderás el porqué de esta majadería.

Diablo,

haz que mis pasos desanden lo andado,

que borren lo dicho mis labios,

que retiren besos de allí donde hallan besado,

haz que el tiempo,

corra de vuelta,

aunque me esté saltando las normas,

pero por eso a este lugar vine,

porque al cielo ya me cansé de clamar.

Diablo,

si es esto un ciclo,

al que le ha llegado el final,

devuélveme al principio,

quiero vivirlo una vez más,

que se alcen de nuevo hojas marchitas,

que los atardeceres vuelvan hacia atrás,

que llegue de nuevo Septiembre,

Diablo,

al menos,

una vez más.

Pídeme lo que quieras,

Diablo,

sin nada que perder vine,

y una sola cosa que ganar,

así que cógelo todo,

y permíteme volver a verlo empezar,

no es por codicia, Diablo,

ni pretendo intentarlo cambiar,

que si es un pasado sin futuro,

tan solo de nuevo en presente,

lo pretendo contemplar.

Diablo quizás no lo entiendas,

ni yo explicártelo intentaré,

Diablo pactemos con fuego,

que tanto tú como yo sabemos,

que hay infiernos,

en los que merece la pena volver a arder.

diablo.jpg

 

Ella era.

Era perfecta,

y todo,

porque la imperfección era el patrón dominante en ella,

no existía en su figura nada cercano a utópico,

nada que la acercara a esas musas idílicas de cuentos,

y por mas que quisiera entenderlo,

mis ojos eran reacios a apartarse de su silueta,

mientras la veían alejarse una vez más,

mientras que me prometía que sería la última,

y sólo era eso,

una vez más.

Y saltaba,

saltaba con los brazos abiertos,

el pecho descubierto,

los ojos abiertos,

sabiendo que probablemente,

ya me podía dar por muerto,

pero no importaba,

porque en el océano de sus ojos yo nadaba,

aunque a veces me quisiera ahogar,

pero ya había llegado hasta ahí,

y yo ya no me quería marchar,

luces y sombras cobijaban su ser,

y el miedo despertar sola otro nuevo amanecer,

miedo al fracaso,

miedo al amor en un mundo en el que este es un bien escaso,

miedo a estar sola,

miedo a no estarlo,

miedo a estar rodeada de gente y que sintiese no estarlo.

Ella era perfecta sin quererlo,

pues jugaba a fallar queriendo,

era perfecta sin intentarlo,

y ni siquiera se paró a pensarlo,

ella era y digo que es,

eso que no te perdonas en la vida,

eso que no olvidas,

era eso que todo el mundo busca,

y muy pocos encuentran,

la propia definición de suerte,

aquello por lo que llegas a conocerte,

tu eras,

y eres,

aquello a lo que jamás le cerraría la puerta,

porque en un mundo de erratas,

no he conocido imperfección mas perfecta.

puerta

 

 

 

 

 

Cigarro.

Cuéntales,

que me aferré a la colilla de cada cigarro,

como si estuviese marcada,

por el carmín de sus labios,

que alargué,

aquel adiós,

cómo todas y cada una de las caladas,

que bebí del humo,

cómo bebí de su aliento al separar,

su boca de la mía,

que mi mirada,

pausábase absorta,

en el fulgor de la llama,

cómo en cada mirada,

que aunque corta,

me hacía arder por dentro,

que uno tras otro,

la vida se me iba,

en cada pitillo,

en cada contacto,

por leve que fuera,

entre su cuerpo y el mío,

y así uno tras otro,

veía como se consumían,

cómo se consumía la fina línea,

que un día trazaron nuestros pasos.

Me paro en la esquina,

donde mi respiración,

una tarde de septiembre al verte se paró,

me enciendo un cigarro,

dibujo en el humo tu figura,

preguntándome,

si esto es amor o locura,

se consume,

y me pregunto,

si es humo, 

todo lo que nos une.

Parece

Parecía que,

por su pétrea mirada,

jamás pasaba el tiempo, 

parecía que, 

en el tono de su risa,

se escondía el secreto de lo eterno,

parecía,

que cada contacto,

trataba por si solo de permanecer,

parecía,

que nuestras esencias,

se enlazaban tratando de no perecer.

Parecía que,

cada roce,

hacia temblar todas sus dudas,

parecía que,

en cada cruce de miradas,

estás, quedaban algo más que desnudas,

parecía,

que ante el miedo,

ella era el mejor remedio,

parecía,

que ella escondía luz,

como una noche esconde un incendio.

Por parecer,

parecía,

que nada es lo que parece,

por parecer,

entre mis labios y los suyos,

existe un espacio que se estremece,

Aparece y parece,

que en ella mi ser se mece,

que su ausencia me escuece,

que se acabó mi martes trece,

y parece,

que a veces,

las cosas,

pueden ser lo que parecen.